Prerrequisitos para internacionalizar la sociología

Prerrequisitos para internacionalizar la sociología

por

T. K. Oommen, Universidad Jawaharlal Nehru, Nueva Delhi, India, y expresidente de la AIS,1990-1994

Fonte:

Global Dialogue: Newsletter for the International Sociological Association

VOL. 4 / # 4 / DICIEMBRE 2014

http://isa-global-dialogue.net/wp-content/uploads/2015/01/v4i4-spanish.pdf

Reproduzido na íntegra por Jacob (J.) Lumier

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L a Asociación Internacional de Sociología fue creada para fomentar la sociología internacional, pero aún no hemos alcanzado un consenso sobre el significado de este escurridizo concepto.

Podría ser concebido como la agregación de “sociologías nacionales”, pero incluso en términos demográficos las “naciones” varían de aquellas con más de mil millones de residentes (China e India) hasta aquellas con cinco millones o menos. Más importante aún, las estructuras sociales y los patrones culturales de las “naciones” también varían enormemente: mientras que algunas naciones son multinacionales, otras son multiétnicas o multi-tribales; algunas son estados-nación y otras aspiran a serlo. Tratar estas unidades tan dispares como los cimientos de uma sociología internacional suena como una dura proposición.

 

Y aún así esto es precisamente el proyecto de la AIS. Como señala Bauman, “Sin apenas excepciones, todos los conceptos e instrumentos analíticos empleados actualmente por los científi cos sociales se adecuan a una visión del mundo humano en el cual la totalidad más voluminosa es una ‘sociedad’, una noción equivalente en la práctica al concepto de Estado-nación”. El primer prerrequisito para internacionalizar la sociología es abandonar el “estado-nación” como unidad de análisis sociológico, para evitar el “nacionalismo metodológico” y porque el ideal de “Estado-nación” a duras penas existe en su cuna, Europa Occidental. Sin embargo los sociólogos no pueden reemplazar “movilidad”, “red global” o “espacios sociales multidimensionales” por “sociedad” (la piedra angular de la disciplina) como algunos han insistido mucho, pues si no hubiera sociedades nada de esto tendría un sostén.

 

Un segundo prerrequisito para internacionalizar la sociología es superar la división irracional que existe entre sociología y antropología social/cultural. Si la antropología analizaba a los Otros inferiores (salvajes, negros y etnográficos) la sociología buscaba estudiar las sociedades modernas, industriales o “programadas”. Como dice Fallding “[…] la antropología social y cultural no es más ni menos que la sociología de personas más simples”. Insistir que la sociología es hija de la modernidad es someter a las sociedades no-modernas a un desvanecimiento cognitivo e ignorar múltiples modernidades. Las dicotomías intelectuales del periodo colonial fueron transformadas en una tricotomía durante la era de la Guerra Fría, basada en factores político-económicos que no tenían nada que ver con estructuras sociales o culturales.

El Tercer Mundo fue caracterizado por el subdesarrollo, la sobrepoblación y el caos político. El Segundo Mundo fue caracterizado por ser tecnológicamente moderno pero políticamente autoritario, mientras que el Primer Mundo era moderno, tecnológicamente eficiente, democrático y adelantado económicamente. Pero, visto en términos de estructuras sociales y patrones culturales, el Tercer Mundo estaba compuesto por tres entidades totalmente diferentes que vienen de experiencias coloniales muy diferentes. Si África y Asia del Sur estuvieron sometidas a un “colonialismo retraído”, América Latina, que experimentó un “colonialismo replicativo”, estaba constituida por inmigrantes procedentes de una gran variedad de grupos étnicos. Estos “grupos étnicos” que viven juntos dentro de un territorio estatal no forman un estado-nación en el sentido de Europa Occidental. El fracaso de los sociólogos para desafiar el esquema tripartito de la Guerra Fría continúa complicando nuestra comprensión de sociedades asentadas, incluyendo las del Primer y del Tercer Mundo.

El no distinguir entre estado y nación es una confusión conceptual común y resulta un obstáculo persistente para la internacionalización de la sociología. Las “tradiciones nacionales” en sociología se refieren siempre a estudios que han sido realizados al interior de fronteras estatales. Antes de que el Muro de Berlín fuera construido, y desde su demolición, la sociología alemana tenía una sola tradición nacional; pero por décadas hubo dos, una para Alemania Occidental y otra para Alemania Oriental. Antes del desmantelamiento del Segundo Mundo, la sociología soviética encapsulaba varias sociologías nacionales que sólo fueron reconocidas cuando se desintegró la Unión Soviética.

 

Vincular la sociología al estado-nación va en contra del objeto mismo de la disciplina. La sociología analiza las estructuras sociales y patrones culturales de toda una variedad de sociedades: modernas, pre-modernas, simples, complejas, agrarias, industriales. Si la sociología tiene un interés disciplinar por la diversidad, entonces el estado-nación busca incansablemente la homogenización. Paradójicamente, los espíritus de la sociología y el estado-nación empujan en direcciones opuestas pero están atados a un solo cuerpo, el cuerpo político, que impide la internacionalización de la sociología. Además, el vincular la sociología al estado es especialmente problemático para las “naciones” que no han establecido sus propios estados soberanos. Hay una sociología francesa pero no una sociología bretona; hay una sociología británica pero no una galesa; una sociología española pero no una catalana. La nación kurda, repartida a través de varios estados soberanos, parece destinada a no tener su propia sociología. La suerte de las “sociologías nacionales” parece estar íntimamente entrelazada con la fortuna política de las naciones: “no hay sociología sin estado soberano”.

¿Puede uno hablar de modo significativo acerca de una sociología internacional creíble en una situación así? Algunos podrían argumentar que ya estamos presenciando la desaparición de los estado-nación. El desmantelamiento del Segundo Mundo dio origen a la noción de un solo mundo y su corolario lógico, la sociología global. Pero esta transformación ocurrió más en la política y economía, y a duras penas en la sociedad y cultura. Fue algo prematuro asumir que iba a emerger una “única sociología”. Aún así, en vista de que existe un sistema comunicativo, algunos han concebido una “sociedad mundial” (una sugerencia que veo como un retroceso no intencionado al pecado original de usar las ciencias puras como modelo para la sociología). Durante mi discurso presidencial en el XIII Congreso Mundial de Sociología (Bielefeld 1994), hace dos décadas, argumenté que una “sociedad mundial percibida en términos de una sola cultura, una civilización, un sistema de comunicación, entre otros, no es sólo imposible sino también indeseable; la pluralización encierra la concepción misma de una sociedad mundial”.

 

Termino con dos observaciones: primero, a pesar de las transformaciones en las sociedades humanas hay tres dimensiones que son compartidas por todas: unidad (como sostiene el realismo filosófico), multiplicidad (como sugieren los nominalistas sociológicos) y proceso social (como dicen los pluralistas culturales). Estas dimensiones varían en las sociedades pero lo básico está ahí, ofreciendo esperanzas a la internacionalización de la sociología. Pero en vez de centrarse en estos elementos básicos, la sociología ha idolatrado la economía, el gobierno, la tecnología, los medios, la ecología, entre otras, relegando las estructuras sociales y patrones culturales al estatus de meras variables dependientes. Segundo, la variación en la complejidad social depende más de la estratificación, la heterogeneidad y la jerarquía que del desarrollo económico o del tipo de gobierno. Las sociedades humanas están estratificadas en términos de clase, género, edad, y otras, pero también son culturalmente heterogéneas (particularmente con respecto a la religión, el lenguaje y la raza); la interseccionalidad supone una mayor complejidad. En sociedades jerárquicas donde los valores legitiman la desigualdad, la complejidad aumenta de manera exponencial. Una internacionalización de la sociología auténtica debe investigar tanto las similitudes como las especificidades de las sociedades.

Una sociología internacional no implica universalización ni localización sino contextualización, evitando así tanto la hegemonía del universalismo como la insularidad de la localización.

En efecto, la sociología comparativa es la puerta de entrada a la internacionalización de la sociología.

 

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